lunes, 25 de mayo de 2026

¿Y de qué filosofo eres fan?


Por: Otto Gerardo Salazar Pérez
Docente Facultad de Ciencias Humanas y de Educación
Grupo de Estudio Da Vinci



El filósofo es la figura encarnada del "conocimiento". El filósofo es el humano que, según la división del trabajo, tiene como oficio el conocimiento y el pensar. Desde la antiguedad, el filósofo, es paradigma del humanismo y el conocimiento, aplicado a las causas primarias y a desarrollar el discurso sobre el conocimiento en sí que llamamos "epistemología"; en la modernidad, migró al discurso de la racionalidad y, de este, a la linguística y el pensamiento crítico, pasando revisión por las instituciones y haciendo examen minucioso de las formas de producción. Todo ello de mucho mérito. 

Al final del medioevo surgió una institución organizada por facultades para administrar e impartir todo ese conocimiento que venía resurgiendo después del eclipse medieval que desterró el conocimiento en Europa: las Universidades. El escenario natural del filósofo. Todo gran filósofo ostentaba una cátedra en una Universidad. Hoy, en crisis del humanismo, al parecer, tendríamos que llamar a Diógenes con su lámpara a ver si encontramos uno pensando desde el ámbito universitario las causas primarias, la epistemología, la racionalidad, la linguística o el pensamiento crítico para poner en la balanza la institucionalidad sin pulimento, corrupta y tozuda.

En la Universidad Nacional, cuando cursé, vi al único filósofo que he visto en vida: Rafael Gutiérrez Girardot, que parecía parte de un mostrario del jurásico caminando con Florence Thomas por el edificio blanco de Ciencias Humanas. Gutiérrez Girardot era un especie de portero que cuidaba los ingresos a la filosofía en Colombia y que decía que si uno no sabía griego, latín, alemán y francés, no podía entrar. Turbay Ayala y él, eran los únicos colombianos que usaban corbatín. Nada sexy, estoy de acuerdo. Cuando uno indagaba por su obra, más allá del ensayo sobre Borges, decía que su obra era haber sido alumno de Heidegger. Pura sumisión al europeísmo. Si al menos hubiera sido estudiante de Enrique Dussel habría sido salvo. 

Volviendo a la búsqueda de Diógenes de los filósofos perdidos. Es probable que los encontremos parapeteados en lo público y desde allí nos deslumbren con sus razones de que el ser humano es corrupto por naturaleza, al modo del filósofo Miguel Nule, refiriéndose a la ética y la moralidad. Sin contar con la emergencia transcultural de Juan Daniel Oviedo, truncada, tal vez enterrada por sus malabarismos suicidas del voltearepismo electoral colombiano. 

¿A quiénes  siguen, a quiénes  escuchan entonces la audiencia nacional e internacional en materia de conocimiento? Con los dedos de una mano, según el orden de la lista Forbes de los hombres más ricos del mundo: Elon Musk, Larry Page, Serguei Brin, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg. Todos ellos del sector tecnológico productivo, que encarnan la última ola neoliberal en la economía global, muy cercana a la nueva universidad en línea de montaje digital, despersonalizada y on line. 

Byun-Chul, bien puede pensar la comunidad, es un dispositivo digital de compra coreano ensamblado en Alemania con alta demanda de consumo en Estados Unidos; y Slavoj Zizek parece ser una marca nueva de lavadoras sueca inteligente. Ahí vamos.

Resuena hasta ensordecer el silencio del discurso sobre el conocimiento en la Universidad contemporánea latinoamericana donde a los profesores sólo les alcanza el tiempo para subir a la plataforma lo que haya que subirse, legalizar, y formular proyectos con algún nivel de resonancia en los procesos de acreditación que mueve la batuta del mutismo formateado de la Universidad pública.
El letrero de "autonomía universitaria", de latón y lleno de polvo yace en el suelo. Con respaldo legal y jurídico para hacer lo que se manda. Es muy simple, si el poder no emana del conocimiento en las aulas, las universidades carecen de poder frente a lo que manda la ley y dice la burocracia. 

viernes, 20 de febrero de 2026

¿Cómo impactará la IA la educación?

Por: Otto Gerardo Salazar Pérez
        Docente Facultad Ciencias Humanas y de la Educación. 
       Grupo de Estudio Da Vinci   
        

Mariano Sigman y Santiago Bilinkis (2023) subrayan que durante la pandemia del COVID-19 se produjeron cambios radicales en muchas instituciones. Todos recordamos, de una u otra forma, el oleaje furioso de incertidumbre que trajo la pandemia y el encerramiento. 

Poco a poco, se fueron vislumbrando las rendijas para conjurar la crisis, al menos en lo educativo: “las clases apoyadas en medios virtuales”, “las video conferencias y la popularización del “meet” y otras aplicaciones por el estilo.  

Sin embargo, una vez conjurada la crisis y masificadas las vacunas, la mayoría de esos cambios desaparecieron y las plataformas que soportaban la educación a distancia pasaron de nuevo a un segundo plano. 

Pero con la IA no sucederá lo mismo. Es disruptiva y vino para instalarse de modo permanente. Dividirá las aguas en dos. Los que la acojan, se adapten y salgan adelante; y los que la ignoren o rechacen, a quienes arrasará y borrará de la faz. 

Seth Fiegerman, editor de Bloomberg News sostiene que “Wall Street finalmente está asumiendo que la inteligencia artificial podría impactar una gran cantidad de industrias. Y mucho más rápido de lo previsto.”

Para Carmen Reinicke, reportera experta en el tema: “Vimos caer las acciones de videojuegos tras el lanzamiento de un nuevo Google Gemini, vimos aseguradoras afectadas luego de que una starup lanzara un nuevo producto. Y más recientemente, las inmobiliarias están vendiendo pues los inversores creen que ese será el próximo sector afectado.”

Cada semana es lanzada una nueva aplicación de IA que amenaza muchos campos de trabajo: programadores, profesionales del derecho, autores y guionistas, traductores, ilustradores, y un largo etc.
En términos de la educación, según Sigman y Biliski, serán necesarios expertos que calculen lo qué se debe preservar en lo educativo, y lo qué se debe renovar, en contra de las tendencia tradicionalistas de los educadores. Los cambios acelerados, sostienen, “pasan a ser naturales para los jóvenes y extraños para los mayores.” Lo cual va perfilando una singular asimetría del conocimiento inter generacional; es decir, en algunos temas, los niños y adolescentes pueden estar más informados que los adultos. Y el maestro cuenta ahora con pobrísimos recursos para lograr la atención de los estudiantes. Un “buen número de aplicaciones compiten con el docente y tienen una ventaja descomunal para atraer la atención de los chicos.”

Sin embargo, buena parte de estas aplicaciones, fomentan lo que los autores llaman el “sedentarismo intelectual”, la pérdida de capacidad individual y colectiva para pensar de manera crítica. Corremos el riesgo  de perder capacidades que “son pilares básicos del conocimiento: la concentración, la capacidad de lectura, el buen uso del lenguaje y el pensamiento lógico matemático”. 

La tarea por hacer: en el currículo universitario, como proyección de futuro, habrá que considerar qué se queda y qué es necesario implementar. En especial, sobre el saber disciplinar, ya que las humanidades tienen cierto salvamento al constituir parte esencial e insustituible de lo humano.  El presente justificado y pertinente de la formación es la respuesta acertada y certera al futuro de nuestra sociedad y el ejercicio de las profesiones futuras.

Sigman, M et Bilinkis, S. (2023).  Artificial la nueva inteligencia y el contorno de lo humano. Pengin Random House Editorial, S.A.U.








martes, 27 de enero de 2026

El cuerpo ahogado de la lectura y escritura académica; efectos del tsunami IA

 



Por: Otto Gerardo Salazar Pérez. Docente Facultad Ciencias Humanas y de la Educación. 

       Grupo de Estudio Da Vinci   


“La inteligencia artificial y la robótica son un tsunami supersónico. No hay un interruptor de apagado. Viene y se está acelerando.” Elon Musk.

Con el advenimiento y refinación de la IA generativa y sus modelos de lenguaje, la lectura y escritura académica ha sido sepultada por la escombrera generada por el tsunami IA. ¡Esto sucedió ya! ¡Y no nos dimos cuenta! Nada volverá a ser como fue y, en adelante, la lectura y escritura académica no podrán ser sin la IA una práctica social académica relevante. Es un cambio que lo sacude todo, en todas las áreas. 

No hay suficiente evaluación sobre sus efectos. En especial, la dimensión ética, transgredida con mucha facilidad por los estudiantes que deben responder a diversas materias con textos escritos. 

La lectura y escritura, ha sido la vía regia de enseñanza en casi todas las disciplinas, por lo cual nos convoca a todos en la Universidad. 

En cada uno de los programas de grado y postgrado de la Universidad de los Llanos, los cursos que se relacionan con el ejercicio de la lectura y escritura -que se resumen a todos-, los contenidos, metodologías, evaluaciones deberán ser revisados, ajustados y reformulados teniendo en cuenta la IA. 

Los docentes de todas la áreas de formación en cada uno de los programas, empapados por esta ola gigantesca, quedamos desnudos e inmersos en un nuevo analfabetismo relacionado con el uso y aplicación de la IA en la generación de textos académicos que a diario gestionamos como parte de la formación con nuestros estudiantes.

El horizonte, por supuesto, supera lo instrumental del uso de IA en la lectura y la escritura e implica la asunción desde lo crítico y considerar aspectos cognitivos, tecnológicos, éticos, políticos, discursivo, filosóficos.

Elon Musk afirma categóricamente que “ya estamos viviendo la singularidad -momento en que la inteligencia artificial supera la humana-. No es algo que va pasar en cien años. Estamos en la curva vertical de la montaña rusa justo antes de la caída libre”. Cuando le preguntan sobre los plazos Musk es muy específico. Cree que “alcanzaremos la Inteligencia General Artificial o AGI alrededor de 2026. Y para 2030, la Inteligencia Digital superará a toda la inteligencia humana combinada”.

Esto abre una puerta de futuro y, será crisis u oportunidad, según cómo nos plantemos y qué medidas tomemos en el inmediato presente previsivo y estratégico. 

Estas crisis, históricamente, relacionadas con las tecnologías del conocimiento, su generación, archivo y gestión son periódicas y van escalando en complejidad.

Hace 2.500 años, el uso de dispositivos que permitieron la escritura: papiros, tintas, punzones, puso en crisis la cultura de oralidad primaria en Grecia. Filósofos cómo Platón, no hallaban cómo lidiar con ella y se debatían en su uso y desprecio. Platón alababa en público las virtudes de la retórica, humana, ejercitadora de la memoria, mientras condenaba la artificialidad de la escritura. Pero escribía profusamente. Y gracias a su escritura, que terminó imponiéndose, conocemos hoy en día su pensamiento y el de otros filósofos clásicos de la antigüedad griega y culturas mesopotámicas aún más antiguas. 

La imprenta, a finales del medioevo, fue otro remezón. Aun cuando se leía y escribía, la limitación del número de copias frenó la generación, circulación y archivo del conocimiento. Una vez puestas la rotativas a producir miles de copias, la humanidad ascendió a un nuevo nivel y las bases de las sociedades modernas, ilustradas, científicas e industrializadas despegaron. 

Los medios masivos y la digitalización temprana hace 70 años, trajeron una nueva crisis: los mass media y la informática. 

Pero con la IA, todo explota.

Más allá de los medios o uso de las tecnologías, lo que está en juego es la humanidad misma. Y en ello, su principal condición: la inteligencia y la capacidad para razonar del ser humano desde el soporte biológico de su masa encefálica.

La lectura y escritura, desde la perspectiva cognitiva, está íntimamente relacionada con procesos de pensamiento. Aunque el soporte este jugado en gramáticas, para cada uno de lenguajes naturales, amplios y precisos repositorios semánticos, expresados fonéticamente, su esencia y aspecto fundamental es la capacidad de razonar del ser humano y el conocimiento. El lenguaje es nuestro software natural que permite pensar y razonar con sutiliza. Un curso de lectura y escritura, es un curso sobre desarrollo y potencialización de la capacidad para pensar y razonar. 

La IA, a partir de diferenciadas aplicaciones, pueden operar sobre silicio y cobre con el software adecuado, sobre los subprocesos de lectura y escritura: a saber: planeación y búsqueda de ideas, revisión de literatura; enunciación o escritura, y procesos de edición. Es decir, hoy día disponemos de IA que sugiere temas de escritura; revisa, selecciona y ordena fuentes de información sobre el mismo tema propuesto; redacta según las indicaciones de un prompt: lo cual implica adecuación para la audiencia y graduación semántica, estilo, etc. Finalmente, la IA también hace procesos de edición o revisión, por ejemplo, de normas APA, evaluación de fuentes, gramática y redacción ajustada, etc. 

Finalmente, quien opere los dispositivos IA con habilidad –¿escritura?- obtendrá y entregará un texto o documento IAG que es su “responsabilidad” y “autoría”.

Y la evaluación docente se aplicará a los modos expertos o inexpertos para operar IAG para la escritura. ¿La autoría sobre la búsqueda y establecimiento de temas e ideas, la enunciación y edición, finalmente, de quién será? ¿Cuáles serán las nuevas habilidades y competencias del estudiante? En una aula de clase, ¿la diferenciación entre acceso a tecnología: PC, internet 24/7, tabletas digitales, telefonía celular con planes de datos, etc., como generará diferenciación, uso y aprovechamiento?

Como McLuhan, Manuel Castells, ya amenazan obsolescencia teórica, hay una lista de autores en el escaparate que nos pueden ayudar: Byung Chul Han, Kate Crawford, Donna Haraway, Luciano Floridi, Daron Acemoglu, Carissa Veliz, Shoshana Zuboff, Mederith Whittaker, Eric Sadin, Timnit Gebru. 

Será tarea necesaria para al menos, en este primer semestre, se genere un cuerpo de conocimiento sobre el tema que, volcado en textos, diplomados y cursos ajustados se difunda en la Universidad y la comunidad académica regional.