lunes, 25 de mayo de 2026

¿Y de qué filosofo eres fan?


Por: Otto Gerardo Salazar Pérez
Docente Facultad de Ciencias Humanas y de Educación
Grupo de Estudio Da Vinci



El filósofo es la figura encarnada del "conocimiento". El filósofo es el humano que, según la división del trabajo, tiene como oficio el conocimiento y el pensar. Desde la antiguedad, el filósofo, es paradigma del humanismo y el conocimiento, aplicado a las causas primarias y a desarrollar el discurso sobre el conocimiento en sí que llamamos "epistemología"; en la modernidad, migró al discurso de la racionalidad y, de este, a la linguística y el pensamiento crítico, pasando revisión por las instituciones y haciendo examen minucioso de las formas de producción. Todo ello de mucho mérito. 

Al final del medioevo surgió una institución organizada por facultades para administrar e impartir todo ese conocimiento que venía resurgiendo después del eclipse medieval que desterró el conocimiento en Europa: las Universidades. El escenario natural del filósofo. Todo gran filósofo ostentaba una cátedra en una Universidad. Hoy, en crisis del humanismo, al parecer, tendríamos que llamar a Diógenes con su lámpara a ver si encontramos uno pensando desde el ámbito universitario las causas primarias, la epistemología, la racionalidad, la linguística o el pensamiento crítico para poner en la balanza la institucionalidad sin pulimento, corrupta y tozuda.

En la Universidad Nacional, cuando cursé, vi al único filósofo que he visto en vida: Rafael Gutiérrez Girardot, que parecía parte de un mostrario del jurásico caminando con Florence Thomas por el edificio blanco de Ciencias Humanas. Gutiérrez Girardot era un especie de portero que cuidaba los ingresos a la filosofía en Colombia y que decía que si uno no sabía griego, latín, alemán y francés, no podía entrar. Turbay Ayala y él, eran los únicos colombianos que usaban corbatín. Nada sexy, estoy de acuerdo. Cuando uno indagaba por su obra, más allá del ensayo sobre Borges, decía que su obra era haber sido alumno de Heidegger. Pura sumisión al europeísmo. Si al menos hubiera sido estudiante de Enrique Dussel habría sido salvo. 

Volviendo a la búsqueda de Diógenes de los filósofos perdidos. Es probable que los encontremos parapeteados en lo público y desde allí nos deslumbren con sus razones de que el ser humano es corrupto por naturaleza, al modo del filósofo Miguel Nule, refiriéndose a la ética y la moralidad. Sin contar con la emergencia transcultural de Juan Daniel Oviedo, truncada, tal vez enterrada por sus malabarismos suicidas del voltearepismo electoral colombiano. 

¿A quiénes  siguen, a quiénes  escuchan entonces la audiencia nacional e internacional en materia de conocimiento? Con los dedos de una mano, según el orden de la lista Forbes de los hombres más ricos del mundo: Elon Musk, Larry Page, Serguei Brin, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg. Todos ellos del sector tecnológico productivo, que encarnan la última ola neoliberal en la economía global, muy cercana a la nueva universidad en línea de montaje digital, despersonalizada y on line. 

Byun-Chul, bien puede pensar la comunidad, es un dispositivo digital de compra coreano ensamblado en Alemania con alta demanda de consumo en Estados Unidos; y Slavoj Zizek parece ser una marca nueva de lavadoras sueca inteligente. Ahí vamos.

Resuena hasta ensordecer el silencio del discurso sobre el conocimiento en la Universidad contemporánea latinoamericana donde a los profesores sólo les alcanza el tiempo para subir a la plataforma lo que haya que subirse, legalizar, y formular proyectos con algún nivel de resonancia en los procesos de acreditación que mueve la batuta del mutismo formateado de la Universidad pública.
El letrero de "autonomía universitaria", de latón y lleno de polvo yace en el suelo. Con respaldo legal y jurídico para hacer lo que se manda. Es muy simple, si el poder no emana del conocimiento en las aulas, las universidades carecen de poder frente a lo que manda la ley y dice la burocracia. 

viernes, 20 de febrero de 2026

¿Cómo impactará la IA la educación?

Por: Otto Gerardo Salazar Pérez
        Docente Facultad Ciencias Humanas y de la Educación. 
       Grupo de Estudio Da Vinci   
        

Mariano Sigman y Santiago Bilinkis (2023) subrayan que durante la pandemia del COVID-19 se produjeron cambios radicales en muchas instituciones. Todos recordamos, de una u otra forma, el oleaje furioso de incertidumbre que trajo la pandemia y el encerramiento. 

Poco a poco, se fueron vislumbrando las rendijas para conjurar la crisis, al menos en lo educativo: “las clases apoyadas en medios virtuales”, “las video conferencias y la popularización del “meet” y otras aplicaciones por el estilo.  

Sin embargo, una vez conjurada la crisis y masificadas las vacunas, la mayoría de esos cambios desaparecieron y las plataformas que soportaban la educación a distancia pasaron de nuevo a un segundo plano. 

Pero con la IA no sucederá lo mismo. Es disruptiva y vino para instalarse de modo permanente. Dividirá las aguas en dos. Los que la acojan, se adapten y salgan adelante; y los que la ignoren o rechacen, a quienes arrasará y borrará de la faz. 

Seth Fiegerman, editor de Bloomberg News sostiene que “Wall Street finalmente está asumiendo que la inteligencia artificial podría impactar una gran cantidad de industrias. Y mucho más rápido de lo previsto.”

Para Carmen Reinicke, reportera experta en el tema: “Vimos caer las acciones de videojuegos tras el lanzamiento de un nuevo Google Gemini, vimos aseguradoras afectadas luego de que una starup lanzara un nuevo producto. Y más recientemente, las inmobiliarias están vendiendo pues los inversores creen que ese será el próximo sector afectado.”

Cada semana es lanzada una nueva aplicación de IA que amenaza muchos campos de trabajo: programadores, profesionales del derecho, autores y guionistas, traductores, ilustradores, y un largo etc.
En términos de la educación, según Sigman y Biliski, serán necesarios expertos que calculen lo qué se debe preservar en lo educativo, y lo qué se debe renovar, en contra de las tendencia tradicionalistas de los educadores. Los cambios acelerados, sostienen, “pasan a ser naturales para los jóvenes y extraños para los mayores.” Lo cual va perfilando una singular asimetría del conocimiento inter generacional; es decir, en algunos temas, los niños y adolescentes pueden estar más informados que los adultos. Y el maestro cuenta ahora con pobrísimos recursos para lograr la atención de los estudiantes. Un “buen número de aplicaciones compiten con el docente y tienen una ventaja descomunal para atraer la atención de los chicos.”

Sin embargo, buena parte de estas aplicaciones, fomentan lo que los autores llaman el “sedentarismo intelectual”, la pérdida de capacidad individual y colectiva para pensar de manera crítica. Corremos el riesgo  de perder capacidades que “son pilares básicos del conocimiento: la concentración, la capacidad de lectura, el buen uso del lenguaje y el pensamiento lógico matemático”. 

La tarea por hacer: en el currículo universitario, como proyección de futuro, habrá que considerar qué se queda y qué es necesario implementar. En especial, sobre el saber disciplinar, ya que las humanidades tienen cierto salvamento al constituir parte esencial e insustituible de lo humano.  El presente justificado y pertinente de la formación es la respuesta acertada y certera al futuro de nuestra sociedad y el ejercicio de las profesiones futuras.

Sigman, M et Bilinkis, S. (2023).  Artificial la nueva inteligencia y el contorno de lo humano. Pengin Random House Editorial, S.A.U.








martes, 27 de enero de 2026

El cuerpo ahogado de la lectura y escritura académica; efectos del tsunami IA

 



Por: Otto Gerardo Salazar Pérez. Docente Facultad Ciencias Humanas y de la Educación. 

       Grupo de Estudio Da Vinci   


“La inteligencia artificial y la robótica son un tsunami supersónico. No hay un interruptor de apagado. Viene y se está acelerando.” Elon Musk.

Con el advenimiento y refinación de la IA generativa y sus modelos de lenguaje, la lectura y escritura académica ha sido sepultada por la escombrera generada por el tsunami IA. ¡Esto sucedió ya! ¡Y no nos dimos cuenta! Nada volverá a ser como fue y, en adelante, la lectura y escritura académica no podrán ser sin la IA una práctica social académica relevante. Es un cambio que lo sacude todo, en todas las áreas. 

No hay suficiente evaluación sobre sus efectos. En especial, la dimensión ética, transgredida con mucha facilidad por los estudiantes que deben responder a diversas materias con textos escritos. 

La lectura y escritura, ha sido la vía regia de enseñanza en casi todas las disciplinas, por lo cual nos convoca a todos en la Universidad. 

En cada uno de los programas de grado y postgrado de la Universidad de los Llanos, los cursos que se relacionan con el ejercicio de la lectura y escritura -que se resumen a todos-, los contenidos, metodologías, evaluaciones deberán ser revisados, ajustados y reformulados teniendo en cuenta la IA. 

Los docentes de todas la áreas de formación en cada uno de los programas, empapados por esta ola gigantesca, quedamos desnudos e inmersos en un nuevo analfabetismo relacionado con el uso y aplicación de la IA en la generación de textos académicos que a diario gestionamos como parte de la formación con nuestros estudiantes.

El horizonte, por supuesto, supera lo instrumental del uso de IA en la lectura y la escritura e implica la asunción desde lo crítico y considerar aspectos cognitivos, tecnológicos, éticos, políticos, discursivo, filosóficos.

Elon Musk afirma categóricamente que “ya estamos viviendo la singularidad -momento en que la inteligencia artificial supera la humana-. No es algo que va pasar en cien años. Estamos en la curva vertical de la montaña rusa justo antes de la caída libre”. Cuando le preguntan sobre los plazos Musk es muy específico. Cree que “alcanzaremos la Inteligencia General Artificial o AGI alrededor de 2026. Y para 2030, la Inteligencia Digital superará a toda la inteligencia humana combinada”.

Esto abre una puerta de futuro y, será crisis u oportunidad, según cómo nos plantemos y qué medidas tomemos en el inmediato presente previsivo y estratégico. 

Estas crisis, históricamente, relacionadas con las tecnologías del conocimiento, su generación, archivo y gestión son periódicas y van escalando en complejidad.

Hace 2.500 años, el uso de dispositivos que permitieron la escritura: papiros, tintas, punzones, puso en crisis la cultura de oralidad primaria en Grecia. Filósofos cómo Platón, no hallaban cómo lidiar con ella y se debatían en su uso y desprecio. Platón alababa en público las virtudes de la retórica, humana, ejercitadora de la memoria, mientras condenaba la artificialidad de la escritura. Pero escribía profusamente. Y gracias a su escritura, que terminó imponiéndose, conocemos hoy en día su pensamiento y el de otros filósofos clásicos de la antigüedad griega y culturas mesopotámicas aún más antiguas. 

La imprenta, a finales del medioevo, fue otro remezón. Aun cuando se leía y escribía, la limitación del número de copias frenó la generación, circulación y archivo del conocimiento. Una vez puestas la rotativas a producir miles de copias, la humanidad ascendió a un nuevo nivel y las bases de las sociedades modernas, ilustradas, científicas e industrializadas despegaron. 

Los medios masivos y la digitalización temprana hace 70 años, trajeron una nueva crisis: los mass media y la informática. 

Pero con la IA, todo explota.

Más allá de los medios o uso de las tecnologías, lo que está en juego es la humanidad misma. Y en ello, su principal condición: la inteligencia y la capacidad para razonar del ser humano desde el soporte biológico de su masa encefálica.

La lectura y escritura, desde la perspectiva cognitiva, está íntimamente relacionada con procesos de pensamiento. Aunque el soporte este jugado en gramáticas, para cada uno de lenguajes naturales, amplios y precisos repositorios semánticos, expresados fonéticamente, su esencia y aspecto fundamental es la capacidad de razonar del ser humano y el conocimiento. El lenguaje es nuestro software natural que permite pensar y razonar con sutiliza. Un curso de lectura y escritura, es un curso sobre desarrollo y potencialización de la capacidad para pensar y razonar. 

La IA, a partir de diferenciadas aplicaciones, pueden operar sobre silicio y cobre con el software adecuado, sobre los subprocesos de lectura y escritura: a saber: planeación y búsqueda de ideas, revisión de literatura; enunciación o escritura, y procesos de edición. Es decir, hoy día disponemos de IA que sugiere temas de escritura; revisa, selecciona y ordena fuentes de información sobre el mismo tema propuesto; redacta según las indicaciones de un prompt: lo cual implica adecuación para la audiencia y graduación semántica, estilo, etc. Finalmente, la IA también hace procesos de edición o revisión, por ejemplo, de normas APA, evaluación de fuentes, gramática y redacción ajustada, etc. 

Finalmente, quien opere los dispositivos IA con habilidad –¿escritura?- obtendrá y entregará un texto o documento IAG que es su “responsabilidad” y “autoría”.

Y la evaluación docente se aplicará a los modos expertos o inexpertos para operar IAG para la escritura. ¿La autoría sobre la búsqueda y establecimiento de temas e ideas, la enunciación y edición, finalmente, de quién será? ¿Cuáles serán las nuevas habilidades y competencias del estudiante? En una aula de clase, ¿la diferenciación entre acceso a tecnología: PC, internet 24/7, tabletas digitales, telefonía celular con planes de datos, etc., como generará diferenciación, uso y aprovechamiento?

Como McLuhan, Manuel Castells, ya amenazan obsolescencia teórica, hay una lista de autores en el escaparate que nos pueden ayudar: Byung Chul Han, Kate Crawford, Donna Haraway, Luciano Floridi, Daron Acemoglu, Carissa Veliz, Shoshana Zuboff, Mederith Whittaker, Eric Sadin, Timnit Gebru. 

Será tarea necesaria para al menos, en este primer semestre, se genere un cuerpo de conocimiento sobre el tema que, volcado en textos, diplomados y cursos ajustados se difunda en la Universidad y la comunidad académica regional.





jueves, 28 de agosto de 2025

 

Las universidades regionales en el Ranking Mundial de Universidades QS: América Latina y el Caribe 2025

 

Por: Otto Gerardo Salazar Pérez

        Docente Facultad Ciencias Humanas y de la Educación.

       Grupo de Estudio Da Vinci    

 

Este es el Ranking QS. Tiene dos lentes que sobresalen (grupo de indicadores relacionados con el mismo tema): Investigación y descubrimiento y Empleabilidad y resultados.  Los indicadores de investigación son Reputación académica y citas por facultad: 50%. Y los de empleabilidad: Reputación del empleador y resultados de empleo: 20%. Ambos con un valor de ponderación de un 70%.  

Los indicadores están relacionados con la reputación de las instituciones y sus programas en relación a la excelencia académica.

De acuerdo con la clasificación que hace Ranking QS 2025, el indicador, por ejemplo, en investigación, “no solo ilumina la calidad de la investigación de una institución, sino también su enfoque de las asociaciones académicas, su impacto estratégico, su innovación educativa y el impacto que ha tenido en la educación y la sociedad en general”.

El indicador Citas por Facultad, “es una medida de la intensidad relativa y el volumen de investigación que se realiza en una institución. El indicador refleja el volumen de citas que, en promedio, obtiene el personal académico de una institución. Un mayor volumen de citas sugiere que los académicos de dichas instituciones publican en revistas prestigiosas, mantienen una estrecha colaboración y trabajan en temas que merecen un amplio alcance.” 

Es de fijarse que, siendo las universidades instituciones de educación, tiene en consideración un factor muy importante: el de la innovación educativa, que deben liderar los centros de investigación y las facultades de educación a su interior como universidades.

El otro factor clave es cómo están recibiendo a nuestros egresados el mercado laboral y como están apreciados por las diferentes empresas.

El siguiente listado es de la 13 Universidades de país que mejor puntúan en los indicadores citados arriba, en el lente de investigación y descubrimiento.

1.       La Universidad de los Andes. (Citas por artículo 75; Artículos por Facultad 91.5; y Reputación académica 99.9).

2.      La Universidad Nacional de Colombia. (Citas por artículo 28; Artículos por Facultad 81.4; y Reputación académica 99.9).

3.      Pontificia Universidad Javeriana. (Citas por artículo 26.2; Artículos por Facultad 25.5; y Reputación académica 97.8).

4.      La Universidad de Antioquia (Citas por artículo 61.6; Artículos por Facultad 81.9; y Reputación académica 90.6).

5.      Universidad del Rosario. (Citas por artículo 55.3; Artículos por Facultad 46.5; y Reputación académica 68.5).

6.      Universidad de la Sabana. (Citas por artículo 55.5; Artículos por Facultad 34.5; y Reputación académica 78.4).

7.      Universidad del Norte. (Citas por artículo 55.5; Artículos por Facultad 63.8; y Reputación académica 49.5).

8.     Universidad EAFIT (Citas por artículo 37.8; Artículos por Facultad 46.3; y Reputación académica 61.2).

9.      Universidad del Valle. (Citas por artículo 47.9; Artículos por Facultad 30.6; y Reputación académica 74.9).

10.  Universidad Externado de Colombia. (Citas por artículo 2.6; Artículos por Facultad 5.7; y Reputación académica 61.4).

11.   Universidad Pontificia Bolivariana. (Citas por artículo14; Artículos por Facultad 52.7; y Reputación académica 50.1).

12.  Universidad Industrial de Santander (Citas por artículo 14; Artículos por Facultad 52.7; y Reputación académica 50.1).

13.  Universidad ICESI. (Citas por artículo 59.2; Artículos por Facultad 18.8; y Reputación académica 32.1).

La Universidad de los Llanos tiene el gran reto de hallar y desarrollar su especificidad y fortaleza formativa. Es una apuesta diferenciadora que todavía es débil.

Y subir en sus indicadores. Es considerada por el Ranking de América Latina y el Caribe – América del Sur 2025 como una de las mejores universidades públicas de Villavicencio, Colombia, pero puede hacer un mejor desempeño si se ajusta y aceita su sistema y trama académica, que tendría concreción rotunda en cómo se mueva en el Ranking QS los próximos años.

Universidad de los Llanos. (Citas por artículo 1.9; Artículos por Facultad 13; y Reputación académica 4.7).

jueves, 14 de agosto de 2025

Investigación desinflada

 Por: Otto Gerardo Salazar Pérez

Docente Facultad Ciencias Humanas y de la Educación.

Grupo de Estudio Da Vinci          

 


Reciente, en el marco de las semanas previas al inicio de clase tuvimos un encuentro con la DGI de Unillanos para hacer un ejercicio de autoayuda y catarsis sobre la investigación en Unillanos. Se organizaron mesas y se nos invito a expresar “cómo nos hacía sentir” los procesos de investigación en Unillanos y después, en plenaria, socializar lo que cada mesa concluyó.

Algo que normalmente ocurre cada año, o cada dos, para revisar y hacer los ajustes a los procesos de investigación en Unillanos. Bueno, “hacer los ajustes”, pese a la reiteración de las quejas, es un decir. Los problemas de investigación, sin solución, son los mismos de hace varios años. Y en cada convocatoria de estas, o por el estilo, se enlistan los mismos problemas. Así por encimita:

1.Alta burocratización del sistema; 2. Sistema discriminatorio que subordina a los docentes ocasionales para la formulación y ejecución de proyectos, perspectiva diferencial y discriminatoria; 3. Moral y entusiasmo de los profesores por el suelo, lo cual los lleva a automarginarse de formular proyectos. 4.Sistemas engorrosos de legalización que traen aparejadas la amenaza. Cetera, cetera.

Esta opinión, para nada, en la expresión de desconocimiento al trabajo de varios docentes investigadores que han logrado vencer el sistema y han formulado y ejecutado proyectos de investigación. Bien por ellos. Pero no es el caso de la mayoría. Y se espera que un sistema funcional se pruebe en el mayor número de casos.

Curioso que un sistema, establecido para la ciencia, soportada en evidencia, empírica, dependa de un factor como la moral y el entusiasmo que en este caso no prende. Abstracciones del humanismo que se relacionan con lo “subjetivo” y los “afectos”, para reconocer el rol fundamental de las “emociones” en la acción humana que pregona H. Maturana.

Hace 20 años la Universidad, de la mano de Carlos Enrique Garzón y Alberto Baquero Nariño, en su PDI declaró dos propósitos fundamentales: 1. Lograr la acreditación institucional en alta calidad a 2020 y 2. Convertirse en una universidad investigadora, para superar el modelo “profesionalizante” que predomina. Es decir, buscó el propósito alto de convertir la Universidad en un alto centro de producción de conocimiento, morigerado por la ideología de Ignacio Ellacuría que clamaba en la Universidad del Salvador: “Otras universidades sabrán más que la nuestra; pero no habrá ninguna que sepa más de nuestra realidad.” Ecos que venían del sur, de la Universidad Nacional San Antonio Abad, de Cusco, Perú.

Nuestra alma mater logró el primer fin, y creo que no tuvo en mente -nunca la ha tenido- de manera concreta el segundo objetivo: andar y trillar caminos que consoliden la investigación en toda la Orinoquía, en todas sus áreas de conocimiento. Aupada por el gobierno, el afán ha estado puesto en ampliar la cobertura, crear programas académicos sin respaldo de grupos docentes investigadores.

La redención a la región en la transferencia tecnológica que hizo el IALL elevando el espejo de agua para la producción de proteína económica y accesible mejoró la dieta de los habitantes de la Orinoquia; el asesoramiento a los cultivos de soya, arroz, maíz y otros que lideró el profesor Jorge Ortega, mediada la investigación, impulsó al Departamento del Meta y la región a los primeros renglones de productividad agrícola en el país. La investigación en reproducción bovina era activa y notable en el mejoramiento de especies animales en una Universidad que, siendo más joven y con menos recursos, fue vigorosa en la investigación y transferencia, cuando algún día acarició el sueño de convertirse en el mayor centro de conocimiento de la Orinoquia.

lunes, 21 de julio de 2025

 

Grupo de Estudio Da Vinci

¿Quién piensa la “Universidad”?

 

Por: Otto Gerardo Salazar Pérez

        Docente Facultad Ciencias Humanas y de la Educación.

       Grupo de Estudio Da Vinci          


 

Según los filósofos la Universidad “es el espacio donde las diversas facultades o estudios generales entran en diálogo para llegar a una comprensión más profunda de lo que es el ser humano, de su sentido en este mundo, de su función en la sociedad y de su fin trascendente”.

Las Universidades surgieron al final del medioevo como comunidades internacionales de hombres de saber que huían al orden feudal y se juntaron en las nacientes urbes europeas a ejercer un rol de ciudadanos y a practicar el conocimiento en modo colectivo, mediante el examen y la discusión. Varías de ellas también nacieron en ámbitos religiosos, como las escuelas catedralicias y episcopales.

Es decir que Universidad, la urbe -hoy ciudad- y el concepto de ciudadanía, contrario a hombres esclavos y en condición de servidumbre, florecieron de un modo concurrente y a un mismo tiempo hacia finales del medioevo junto con las Universidades.

Lo característico de las Universidades, en función de su misión de conocimiento, es que los sujetos de su discurso  son entidades externas, objetos conceptuales o realidades físicas circundantes y no ella misma. Llámese campo de conocimiento, disciplina, objetos de conocimiento, etc., jugados en Facultades y Escuelas. Así, el discurso sobre el que discurre la Universidad a través de sus escuelas y Facultades pueden ser la Pedagogía, la Economía, la Medicina, el Derecho, la Ingenierías y en general todas las ramas del saber. Es su función.

Pero pocas veces, la Universidad piensa en sí misma. No me refiero a los Planes Estratégicos, a las definiciones de su misión, visión y planes de desarrollo y de acción. Varios de estos documentos están jugados en temporalidades y son de un orden rutinario técnico administrativo. Muy pocos estudiantes y docentes, retienen y digieren, por ejemplo, la misión y visión de su escuela, a no ser de tarea en diligencias de acreditación. Aun así, no han provocado una hermeneútica y desciframiento de su sentido. Se asumen más como parte conexa del letrero.

Tampoco a las directrices y planes del gobierno nacional que a través del Ministerio de Educación, amén de la cacareada autonomía universitaria, regula y modula las instituciones de educación superior en términos de calidad y cobertura. Las universidades terminan así siendo un reflejo de la acción de gobierno con fines educativos de manera primordial para surtir y mantener saludable el mercado laboral y los oficios que demanda la sociedad, de manera preponderante ahora, en función del mercado y el consumo. Empiezan a imperar así conceptos como: oferta y demanda académica, punto de equilibrio y otros de una racionalidad de producción, mercadeo y consumo de la educación.

Los ejes misionales de “formar ciudadanos”, con “pensamiento crítico” y con “aprecio por el patrimonio histórico y las expresiones culturales”, quedan relegadas a un segundo plano o sin prioridad. La consolidación de la masa crítica y la excelencia académica no se corresponde con resonancia y reconocimiento de investigaciones que rumian la cotidianidad de un conocimiento de nimiedad y detalle. Que tampoco tienen salida en revistas que prácticamente desaparecieron de la Universidad. En el currículo se derrumban las columnas del humanismo y crece con ansia el afán por promover programas nuevos que satisfagan la demanda de mercado para salirle adelante a los competidores de otros universidades de carácter privado enfocadas en otros valores.

Los claustros académicos y los colegiados; desde el Académico, Consejos de Facultad, Escuelas y de Programa, además del oficio rutinario de gestión, no alumbran el camino mediante la publicación de documentos para precisar alcances y realidades de conceptos como la autonomía universitaria, sentido y fin de la educación superior, calidad de la educación, competencias y los frustrados “resultados de aprendizaje”.

Hace unos años, circularon una miríada de pequeñas publicaciones de grupos entusiastas de profesores de diferentes Facultades y Escuelas que se dieron a la tarea de reflexionar, pensar de manera crítica e intentar estimular una masa crítica en la Universidad que sucumbió a la “formatitis” y desaparecieron del todo. Su objeto de conocimiento y discurso, eran precisamente la Universidad.

Por precariedad, el debate ha derivado a la formalización docente y a la consolidación de una planta docente como requisito básico de establecer una comunidad académica que es débil por el vinculo precario de la “ocasionalidad” sistemática y perenne y “la catedra” recurrente como forma de completar el equipo de docentes.

miércoles, 23 de abril de 2025

Tiene sentido celebrar el día del Idioma

 

Por: Otto Gerardo Salazar Pérez

        Grupo de Estudio Da Vinci

        Docente del Curso Procesos Comunicativos


Solo los países de culto al saber escolástico rinden desmedido tributo a la lengua. Muy pocas naciones tienen “academias de la lengua”, para incienciar y rezar las fórmulas de la corrección y el buen hablar. No me refiero a los institutos de investigación en lenguas, como el Instituto Caro y Cuervo, el Instituto Cervantes, por ejemplo, u otros por el estilo. Se supone que un “instituto” describe, adelante estudios sobre la lengua, investiga, etc., pero no da reglas ni establece normas de escritura y buen hablar, que es la tendencia de las “Academias”, asociaciones de pares de saber caduco que pretender imponer el habla y mantener en cinturón de castidad la dinámica activa y mutante de las lenguas naturales.

Aparte de eso, ¿por qué es preciso celebrar el día del idioma?

En primer lugar, el lenguaje es pre requisito de la existencia de sociedades, de grupos humanos que en la articulación de acciones coordinadas, como dice Maturana, lograr superar su condición de individuos subjetivos para llegar a la condición social intersubjetiva, lo que marca el proceso civilizatoria, colaborativo y de construcción del saber colectivo. No es poca cosa.

Segundo, el idioma esta estrechamente vinculado con nuestra capacidad de pensar. El horizonte de pensamiento de un ser humano es equiparable al desarrollo y consolidación de su lenguaje. Un lenguaje pobre y escasamente desarrollado, se convierte en un pensamiento pobre y escasamente desarrollado. El lenguaje es el repositorio del saber humano, dice Ayakawa.

Tercero, el lenguaje es la base de la expresión, del examen interno, del autoconocimiento, lo cual, en términos de los griegos, del conócete a ti mismo, no es poca cosa.

Cuarto, el lenguaje nos margina o nos permite acceder a recursos y fuentes de poder. Teum Van Dikj, el lingüista holandés, en su Análisis Crítico del Discurso,  ACD, describe cómo el acceso diferenciado a los recursos del lenguaje y el “discurso” nos pone en situación de ventaja o desventaja en el juego social y la persecución de los recursos.

Quinto, el lenguaje tiene expresión en la forma de arte que es la literatura. Fue consuelo, refugio y fuente de transmisión de conocimiento para las primeras sociedades nómadas de la humanidad. Contar historias, narrar, contar, fue la primera forma de comunidad alrededor del fuego para conjurar el miedo, organizar la experiencia y transmitirla a los demás. Por ello celebramos a Cervantes, a García Márquez, a Shakespeare.

No son los únicos factores, otros nuevos se han sumado, muy potentes, de los que habla Lyotard, J. F. en "La condición postmoderna. Informe sobre el saber".

Ubica el lenguaje en el centro del saber y las ciencias de punta: "…desde hace cuarenta años las ciencias y las técnicas llamadas de punta se apoyan en el lenguaje: la fonología y la teorías linguísticas, los problemas de la comunicación y la cibernética, las álgebras modernas y la informática, los ordenardores y sus lenguajes, los problemas de traducción de los lenguajes y la búsqueda de compatibilidades entre lenguajes-máquina, los problemas de la memorización y los bancos de datos, la telemática y la puesta a punto de terminales "inteligentes", la paradojología."

Lyotard sostiene también: "El saber en general no se reduce a la ciencia, ni siquiera al conocimiento". Es apenas una parte y suele desconocer el saber tradicional", (...) "la preeminencia de la forma narrativa en la formulación del saber tradicional". "El relato es la forma por excelencia de ese saber". Ese saber -el científico- se encuentra así aislado de los demás juegos del lenguaje cuya combinación forma el lazo social.

Es así que las Universidades y los centros educativos deberán promover y estimular las formas del discurso narrativo, generador en mayor medida del lazo social, promotor de valores morales, éticos y afectivos para restituir en parte el desbalance que se ha zanjado por una educación formal que privilegia el discurso científico. Objeto central que persigue el Taller de Escritores de la Universidad de los Llanos.